
A medida que se acerca diciembre, es común experimentar un aumento en la sensación de cansancio. Las obligaciones diarias, la rutina, el trabajo tanto dentro como fuera del hogar, y los compromisos sociales que se intensifican en este mes, contribuyen a un estado de agotamiento que a menudo no se alivia simplemente con dormir. Esta acumulación de estrés y responsabilidades puede llevar a que, al sonar la alarma por la mañana, muchos opten por posponerla, cayendo en el error de pensar que unos minutos más de sueño pueden mejorar su estado de ánimo.
Un factor crucial en esta sensación de fatiga es la forma en que manejamos nuestro sueño. Según el Dr. Facundo Nogueira, neumonólogo y jefe del Laboratorio del Sueño del Hospital de Clínicas, interrumpir el ciclo de sueño al posponer la alarma puede tener efectos negativos. Cuando se interrumpe el sueño, la persona puede tardar hasta cuatro horas en alcanzar un estado de alerta óptimo, lo que impacta negativamente en su desempeño diario.
La arquitectura del sueño, como explica el psicólogo Pablo López, se divide en dos grandes etapas: REM y no REM. Durante el sueño no REM, pasamos por varias fases que van desde la vigilia hasta un sueño más profundo. Es esencial completar estos ciclos de sueño sin interrupciones para que el descanso sea verdaderamente reparador. Dormir de forma fragmentada no solo afecta la calidad del sueño, sino que también puede llevar a un incremento en la inercia del sueño, es decir, la dificultad para despertarse y mantenerse alerta.
Las razones detrás de la necesidad de posponer la alarma suelen estar relacionadas con la privación del sueño o la calidad del mismo. Cuando alguien siente la necesidad de dormir más, es indicativo de que no ha descansado adecuadamente. Esta inercia del sueño se acentúa por la falta de horas de sueño, las siestas prolongadas y el mal manejo de los horarios de descanso. Estas prácticas pueden resultar en problemas de atención y concentración, afectando así el rendimiento diario.
Es importante entender que postergar la alarma no es solo un mal hábito; puede ser un signo de un problema más profundo con los patrones de sueño. Para combatir esto, se recomienda levantarse tan pronto como suena la alarma y evitar la tentación de quedarse en la cama. Hacer esto no solo mejora la calidad del despertar, sino que también contribuye a un estado de ánimo más positivo durante el día.

