
Las neurociencias cognitivas buscan entender las bases neurobiológicas de los procesos mentales y su influencia en el comportamiento humano. Este conocimiento es fundamental para desarrollar planes de alimentación saludables y tratamientos eficaces. Según la Licenciada Sol Vilaró, directora del departamento de Nutrición de INECO, ciertos circuitos cerebrales son responsables del impulso alimentario, lo que sugiere que comemos por razones más profundas de lo que creemos.
Las funciones cognitivas, como la atención y la memoria, juegan un papel crucial en la alimentación. La atención, aunque se puede dirigir, también puede dispersarse, afectando nuestras decisiones al momento de comer. Vilaró señala que estamos expuestos a múltiples estímulos relacionados con la comida que pueden activar respuestas impulsivas, como comprar alimentos no planeados. Esta atención se activa especialmente ante características de los alimentos asociadas al placer.
La percepción, que es la interpretación de la información sensorial, también influye en el consumo. Por ejemplo, servir comida en platos grandes puede llevar a una percepción errónea del tamaño de las porciones, aumentando así la ingesta. Vilaró recomienda comer en un lapso de 20 minutos para tomar conciencia de lo que se consume y prestar atención a la saciedad, evitando distracciones como la televisión o el uso del celular durante las comidas.
Para gestionar mejor las porciones, es aconsejable servirse en un plato y llevarlo a la mesa, en lugar de dejar la fuente de comida al alcance. Además, la presentación de alimentos en porciones pequeñas en platos pequeños puede incrementar la sensación de saciedad. Un plato con diversas pequeñas porciones puede resultar más satisfactorio que una sola porción grande.
La cognición social también juega un papel importante, ya que el número de personas con las que se come puede influir en la cantidad de comida ingerida. La compañía de amigos o familiares puede llevar a consumir más alimentos. Por ello, es crucial planificar qué alimentos se van a consumir y limitar las porciones, especialmente en eventos sociales.
Finalmente, es importante destacar que el control del peso debe abordarse desde un enfoque interdisciplinario, considerando no solo la actividad física y la alimentación, sino también los pensamientos y emociones que afectan la manera de comer.

