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Creencias Disfuncionales y su Impacto en el Insomnio

Imagen Freepik.com

El insomnio es un trastorno del sueño que está fuertemente influenciado por creencias disfuncionales relacionadas con el sueño. Muchas personas tienden a atribuir su falta de sueño a preocupaciones cotidianas, como la economía o la incertidumbre laboral. Sin embargo, estas preocupaciones se complementan con un aumento en la reflexión sobre la propia incapacidad para dormir, lo que intensifica la activación fisiológica y mental, dificultando así la conciliación del sueño. Este ciclo puede convertirse en una espiral negativa que perpetúa el insomnio.

El entorno nocturno también juega un papel crucial en la calidad del sueño. La noche suele ser un momento de disminución de estímulos externos, lo que permite que los pensamientos internos se vuelvan más evidentes y abrumadores. Adicionalmente, las conductas desadaptativas, como las siestas prolongadas o la modificación de horarios, pueden interferir aún más en la capacidad de dormir adecuadamente. En este contexto, es vital reconocer que cualquier intento de controlar el sueño puede llevar a un mayor aumento de la activación interna, ya que el sueño es un proceso natural y espontáneo.

Las creencias disfuncionales sobre el sueño pueden incluir pensamientos como “necesito dormir ocho horas” o “el insomnio es algo inmodificable”. Estos pensamientos exageran las consecuencias negativas de no dormir bien y crean un ciclo de ansiedad y estrés relacionado con el sueño. Además, estas creencias se alimentan durante el día, ya que las personas con insomnio a menudo mantienen una visión negativa del sueño y sus efectos. Este patrón de pensamiento perpetúa el insomnio, ya que las preocupaciones y las rumiaciones se convierten en una constante tanto durante la vigilia como antes de dormir.

Es importante distinguir entre rumiaciones y preocupaciones. Mientras que las rumiaciones se centran en el estado de ánimo y en los síntomas del sueño insuficiente, las preocupaciones anticipan las consecuencias futuras de no dormir bien. Por ejemplo, las rumiaciones pueden abordar el porqué de la fatiga, mientras que las preocupaciones tienden a proyectar un futuro negativo debido al insomnio. Esta diferencia es crucial para abordar y gestionar adecuadamente los pensamientos que afectan la calidad del sueño.

La investigación sugiere que las creencias disfuncionales y las actitudes hacia el sueño son factores determinantes en la calidad del sueño. Para manejar adecuadamente estas preocupaciones, es esencial evitar la supresión de pensamientos, ya que esto a menudo se asocia con un aumento en el tiempo que se tarda en dormir y una disminución en la calidad del sueño. Estrategias como escribir sobre preocupaciones en un momento específico del día pueden ser útiles, ya que permiten tomar control sobre cuándo y cómo se enfrentan estos pensamientos.

Finalmente, es importante integrar estrategias de resolución de problemas y técnicas de meditación, que pueden ser beneficiosas en el manejo del estrés y la mejora de la calidad del sueño. Al comprender y manejar las creencias disfuncionales, se puede contribuir a una mejor calidad del sueño y, por ende, a una mejora en el bienestar general.