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Qué es la conducta alimentaria y cómo organizarla

Elegir qué, cuánto y cómo comer de manera consciente y equilibrada es fundamental para cuidar la salud integral. Lograrlo es posible con estrategias simples y adecuadas.

La conducta alimentaria se refiere a los hábitos, selección y cantidades de alimentos que consumimos. Y, aunque parezca una acción rutinaria a la que muchas veces se le resta importancia, no solamente está influenciada por factores fisiológicos, sino también emocionales, culturales y ambientales. Por eso, aprender a manejarlos es clave para desarrollar una relación saludable con la comida.

Múltiples causas

Aunque los factores fisiológicos como el hambre, la saciedad y las necesidades nutricionales juegan un papel fundamental en los hábitos alimentarios, tanto lo emocional como lo cultural inciden notablemente a la hora de elegir los alimentos a consumir.

De esta forma, según explica Sol Vilario, jefa del Departamento de Nutrición de INECO (M.N.: 5647), “emociones como el estrés o la ansiedad pueden llevarnos a comer de manera descontrolada o poco saludable como forma de afrontamiento. E incluso, las tradiciones, las creencias y el entorno en el que nos desenvolvemos, influyen no sólo en lo que comemos sino también en cómo lo hacemos, llevando, en muchos casos, a padecer alguno de los problemas más comunes de la conducta alimentaria -cuando no todos-”. Estos se describen a continuación:

-Comer rápido: Hacerlo a toda prisa sin prestar atención a las señales de saciedad.
-Comer mucho o poco: Consumir cantidades excesivas o insuficientes de alimentos.
-Comer descontrolado: Hacerlo sin hambre como forma de afrontar problemas emocionales.
-Comer alimentos no saludables: Elegir alternativas procesadas, ricas en grasas y azúcares.

Estrategias para comer mejor

A pesar de lo expuesto hasta aquí, es importante resaltar que, según la especialista consultada, adquirir hábitos saludables para proteger el cuerpo y la mente es una tarea posible, y existen estrategias sencillas para lograrlo:

-Planificar las comidas: Elaborar un menú semanal con opciones saludables y gratificantes.
-Comprar con precaución: Evitar ir de compras con hambre y tener en cuenta las calorías de los alimentos.

-Controlar las porciones: Servir la comida en un plato y no llevar la fuente a la mesa.
-Crear un ambiente propicio: Disponer de un lugar y un momento exclusivo para comer sin distracciones.
Asimismo, otros elementos a considerar a la hora de sentarse a la mesa son los siguientes:

-Consumir nutrientes clave: Alimentos ricos en omega-3, antioxidantes, vitaminas y minerales son fundamentales para mantener un cerebro sano y en óptimo funcionamiento.
-Evitar excesos: El consumo excesivo de azúcares, grasas y cafeína puede tener un impacto negativo en la salud mental.

-Mantener una hidratación adecuada: Beber suficiente agua no sólo con las comidas sino a lo largo del día ayuda a mantener las funciones cognitivas en su mejor nivel.

Si bien alcanzar una conducta alimentaria consciente y equilibrada facilita el control del peso, este no es su único beneficio, ya que también se ven favorecidas distintas funciones corporales y cerebrales. Una dieta saludable y el control de las porciones ayudan a la concentración y el rendimiento mental. Además, previenen enfermedades cardiovasculares, y también es una manera de alcanzar bienestar emocional, ya que una relación sana con la comida contribuye a una mejor gestión del estrés y las emociones.